← Volver a historias de Soledad
Aviso: Este perfil es una composición ficticia basada en patrones clínicos comunes. No describe a una persona real. No reemplaza el diagnóstico ni el tratamiento profesional.
Soledad Intensidad moderada 14 días

Lucía, 27

recién mudada a Bogotá, diseñadora UX

Lucía había pedido el traslado. Había querido venirse a Bogotá. Lo había planeado. Y sin embargo, cuatro meses después, se sentía más sola que nunca.

El punto de partida

Tenía trabajo, tenía un apartamento, tenía rutina. Lo que no tenía era nadie a quien llamar un martes sin razón específica. Sus amigos de Medellín seguían ahí, pero el chat grupal ya no era lo mismo cuando ella vivía en otra zona horaria emocional. Las conversaciones se volvieron actualizaciones: bien, ocupada, sí claro nos vemos en vacaciones.

El aislamiento no era dramático. Era gris. Llegaba a casa, calentaba algo, ponía una serie. Se dormía y repetía. Los fines de semana eran los peores — el contraste entre el bullicio de la ciudad afuera y el silencio del apartamento adentro.

Los primeros días

El día 1, Lucía completó el mapa relacional: quién estaba en su vida, con qué frecuencia había contacto real, qué calidad tenía ese contacto. El resultado fue más escaso de lo que esperaba verlo por escrito.

La activación conductual de los días 2 y 3 no pedía hacer amigos — pedía aumentar el contacto con el entorno de manera gradual. Lucía eligió una cafetería cerca del trabajo donde pudiera ir a trabajar una hora por semana, en lugar del apartamento. No para hablar con nadie. Para estar en un espacio con personas.

El giro

El día 6 fue la gratitud relacional: escribir sobre tres personas con quienes tenía vínculos reales, aunque fueran débiles o distantes. Lucía escribió sobre su amiga de la universidad, su prima, una compañera del trabajo nuevo. No eran vínculos fuertes todavía — pero existían. El módulo la invitó a contactar a una de ellas sin esperar a tener una razón importante. Lucía le mandó un audio a su amiga. Solo para saber cómo estaba. Su amiga respondió en veinte minutos.

Esa semana fue al evento de bienvenida que la empresa había organizado para empleados nuevos. Había declinado el primero. Fue al segundo.

Dónde está hoy

Al día 14, Lucía no tenía un grupo de amigos en Bogotá. Eso no cambia en dos semanas. Pero tenía tres contactos que ya no eran solo colegas — personas con quienes había tenido al menos una conversación real. Tenía una cafetería que ya sentía como suya. Tenía el hábito de escribirle a alguien de Medellín cada tres días.

La soledad seguía. Pero ya no era un bloque opaco.

Técnicas que le funcionaron

Siguiente paso

Ver el programa: Descubre técnicas para Soledad

Otras historias de Soledad

Este perfil es una composición ficticia basada en patrones clínicos comunes. No describe a una persona real. No reemplaza el diagnóstico ni el tratamiento profesional.