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Aviso: Este perfil es una composición ficticia basada en patrones clínicos comunes. No describe a una persona real. No reemplaza el diagnóstico ni el tratamiento profesional.
Duelo Intensidad severa 28 días

Mateo, 24

estudiante de posgrado, Santiago (pérdida de madre)

Mateo tenía 24 años y su madre llevaba muerta tres meses cuando entró a MomentoVital. Lo que lo trajo no fue el dolor agudo — eso lo había sostenido con tensión muscular y semanas de trabajo sin parar. Lo que lo trajo fue que el dolor no se iba aunque hubiera tiempo de sobra para sentirlo.

El punto de partida

Su madre murió de forma inesperada. Sin preparación, sin despedida, sin la oportunidad de decir lo que quedó sin decir. Mateo tenía pendiente una conversación sobre algo pequeño y tonto que ahora parecía enorme. El posgrado seguía. Los profesores preguntaban. Él entregaba trabajos. Por fuera funcionaba. Por dentro, como él lo describió: “Estoy operando en modo emergencia permanente y no hay emergencia que atender.”

El día 1, pidió una cosa concreta: entender qué le estaba pasando. No quería que le dijeran que era normal. Quería entenderlo.

Los primeros días

La psicoeducación sobre el duelo fue el primer paso. Mateo procesaba bien a través del conocimiento — era su modo natural. Entender que el duelo no sigue etapas lineales, que la mente puede seguir “buscando” a la persona aunque racionalmente sepa que murió, que la anestesia emocional de las primeras semanas es adaptativa y no frialdad — eso lo ayudó a no patologizar su propio proceso.

Los primeros días de regulación emocional fueron duros. Mateo había entrenado su sistema para no sentir mientras hubiera algo que hacer. Las técnicas — notar la emoción, nombrarla, darle espacio sin actuar desde ella — le exigían exactamente lo que más evitaba: detenerse.

El día 6 se permitió llorar por primera vez desde el funeral.

El giro

Día 19. Estaba revisando fotos del celular para un trabajo académico y encontró una foto de su madre que no recordaba tener. Era una foto tonta — ella haciendo una mueca en un cumpleaños. No era la foto de una madre solemne. Era una foto de una persona divertida.

Se quedó mirándola largo rato. Empezó a recordar cosas que habían quedado opacadas por el dolor: el humor de ella, las bromas privadas entre los dos, las cosas específicas que hacía que nadie más hacía igual. El duelo hasta ese momento había reducido a su madre a su muerte. Ese día, algo se abrió hacia su vida.

Dónde está hoy

Al día 28, Mateo sigue estudiando. Sigue teniendo días en que el posgrado le parece completamente sin sentido. Pero ha podido hablar con un par de amigos sobre lo que pasó — no solo el hecho, sino cómo se siente. Ha vuelto a cocinar. Ha leído ficción por primera vez en meses. No ha “superado” nada. Está, como dijo él, “aprendiendo a cargarlo distinto.”

Técnicas que le funcionaron

Siguiente paso

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